“¿De verdad no tienen tiempo para hacer unos sencillos ejercicios? ¡Si no se tarda nada!”

Seguro que si me lee cualquier profesional que se dedique a la atención temprana, sabe en seguida de lo que estoy hablando. ¡Cuántas veces hemos juzgado (sin querer) a las familias! “Si solo son un par de movimientos así, palabras asá, juegos queteví, el ejemplo que quieras acullá,…” A nosotras (que casi siempre somos mujeres), nos parece algo muy sencillo y que no requiere ningún esfuerzo. Enseñamos técnicas muy fáciles de aprender y de llevar a la práctica. O eso pensamos. Hasta que te toca a ti. Vas una vez a la semana a T.O. * y a pesar de que sabes de lo que te están hablando, conoces la importancia de seguir las indicaciones de la terapeuta y es una técnica que incluso has enseñado tú a algunos papis: ¡Pasa la semana y te das cuenta de que no lo has hecho! ¡Ahhh!

En ese momento, analizas la situación, intentando ver qué ha pasado. Y la verdad es que has estado demasiado ocupada pensando en cómo evitar el reflujo, que tiene a la niña frita; en buscar un ratito para planificar las comidas, aunque sea tu marido quien cocina, porque ya no te da para tanto; en comprarle algo de ropita nueva, que gracias a Dios ya se le ha quedado la talla 000 pequeña,…Y si eres un poquito exigente, puede que una voz interior te diga que “aún así podrías haber sacado 5 minutitos al días para practicar”. Pero no, amiga. En la vida hay prioridades y cuando estás en modo supervivencia, trabajar el control cefálico se te queda lo último de la lista sin darte cuenta.

¿A dónde quiero llegar? Pues a varios sitios, uno detrás de otro. El primero es que las sesiones semanales están muy bien, funcionan. Por algo es un modelo que se lleva utilizando décadas. Porque los profesionales sabemos lo que hacemos y los niños aprenden muy rápido. Pero también sabemos que el “trabajo” en casa es fundamental, especialmente en los bebés y los niños más pequeños. De ahí que se den tantas indicaciones para que esto se lleve al manejo y al funcionamiento en el día a día. Por eso, las sesiones semanales, se nos quedan un poco cortas. Hay otra manera de intervenir, basada en la importancia de la familia en el desarrollo de ese niño o niña, entendiendo las circunstancias que le rodean. En las Prácticas Centradas en la Familia, se utilizan las rutinas diarias de cada familia para desarrollar o incorporar las técnicas o estrategias que cada persona (el niño y su cuidador) necesita.

El segundo punto, viene como consecuencia de lo anterior. Si en lugar de “ejercicios”, vemos las necesidades que hay y qué podemos hacer al respecto DENTRO de las actividades que ya hace la familia (en mi caso, podría ser dentro del cambio de pañal o del porteo de la niña, por ejemplo), las posibilidades de que yo lleve a cabo las acertadas propuestas de la T.O., se multiplican y es muy difícil que yo “falle” de una semana para otra.

Conclusión: En el momento en el que a mí se me encendió la bombillla (o lo que es lo mismo: un día que pude dormir un poco), me di cuenta de que tenía que aplicarme a mí misma el Modelo Basado en Rutinas**. ¿Cómo podía trabajar eso mismo, pero sin tener que encontrar un momento en el día para hacerlo? Pues, por ejemplo, en el cambio de pañal. Ese era un buen momento para favorecer los volteos y permanecer unos segundos en prono (boca abajo), animando a mi hija a mirar hacia arriba, acercando mi cara a la suya y hablándole.  Es decir, tuve que activar la función de terapeuta, para poder hacer mejor la de madre. Una vez que empecé a traducir los ejercicios en secuencias que ya formaban parte de mi día a día, es decir, a hacer conscientes momentos en los que a lo mejor no estaba favoreciendo nada en particular, simplemente cuidando de mi hija, todo se volvió mucho más sencillo. Me daba tiempo a “trabajar” todo lo que me decía la terapeuta ocupacional y llegaba a la siguiente sesión super satisfecha, con la tranquilidad de que estaba atenta al desarrollo de mi hija y sin ningún esfuerzo para acordarme o tener el tiempo para hacerlo.

Vivir en mi propia piel lo que es recibir Atención Temprana, me reafirma en la creencia de que hay que poner las cosas fáciles a las familias, que no es cuestión de tiempo sino de incorporar hábitos dentro de los que ya tenemos. Que todos queremos lo mejor para nuestros hijos, pero nos puede generar mucha frustración el no llegar a todo. Por eso, ahora entiendo cuando me decían en la sala: “no hemos podido hacerlo esta semana, Elltarys, hemos estado hasta arriba”. Y por qué, desde que trabajo a domicilio, escuchando las necesidades específicas de cada familia y adaptándonos a sus rutinas, todo suele ser mucho más fácil y son ellos los que me muestran orgullosos cómo les ha cundido la semana.

*Porque la vida es muy graciosa y si tú eres Terapeuta ocupacional, eso es lo que te van a conceder, si eres fisioterapeuta, pues sesiones de fisio, si eres logopeda, pues lo mismo,…

** Modelo de Robin Mc William para trabajar en Atención Temprana.

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