¿Qué es la integración sensorial?

La integración sensorial es el proceso de la información que nos llega a través de los sentidos (visual, auditivo, táctil, olfativo, gustativo, táctil, vestibular, propioceptivo e interoceptivo) organizando las sensaciones de forma que podamos elaborar una respuesta adaptada al contexto.

¿Para qué sirve la integración sensorial?

Veamos un ejemplo: Si yo estoy en clase y la profesora dice que saquemos el cuaderno porque va a empezar un dictado, una respuesta adaptativa sería que yo vuelva a mi sitio, me siente, me prepare y empiece a escribir al escuchar el dictado. Es decir, yo filtro la información relevante (la voz de la maestra) de la que no lo es en ese momento (un pájaro que veo por la ventana) y organizo mi mente y mi cuerpo para poder hacer una actividad dentro de ese contexto.

¿Qué ocurre cuando el procesamiento de la información sensorial no funciona como debería? Pueden ocurrir muchas cosas, pero volvamos al ejemplo de la clase: Si yo tengo una hiperrespuesta táctil, cuando me dicen que hay que prepararse para copiar, yo saco mis cosas del pupitre y empiezo muy atento. Todo va bien hasta que mi compañero roza su brazo con el mío mientras escribe. En ese momento, para mí resulta casi imposible seguir el dictado. Me lleva un esfuerzo tremendo concentrarme, porque la sensación en el brazo es demasiado intensa y desagradable para manejarla. Es más, me estoy poniendo muy nervioso y le grito a mi compañero que pare de hacer eso.

Esto son solo un par de ejemplos tontos, pero hay tantas disfunciones o perfiles como personas. Cada uno tenemos un procesamiento único y nadie funciona de manera perfecta o absolutamente desorganizada.

La doctora A. Jean Ayres comenzó a desarrollar la teoría de la integración sensorial en los 50 y desde entonces, muchos otros terapeutas ocupacionales han colaborado con ella y continuado sus investigaciones hasta hoy.

¿Por qué es tan importante en los niños y las niñas?

J.Ayres definió la integración sensorial como “el proceso de organizar impulsos sensoriales para que el cerebro produzca respuestas corporales prácticas y genere percepciones, emociones y pensamientos útiles.”

Especialmente durante los primeros 7 años de vida, el cerebro del niño se dedica a procesar sensaciones. Basa su vida en sentir los objetos y mover su cuerpo en función de las sensaciones que experimenta. Sus respuestas adaptativas son más musculares o motoras que mentales. Si estos procesos sensoriomotores se organizan bien durante los primeros años, el niño estará mejor preparado para aprender destrezas más complejas, por ejemplo, escribir, realizar cálculos matemáticos o aprender a comportarse según el contexto social.

¿Qué ocurre cuando hay problemas?

Existen niños que desde el comienzo muestran dificultades notables, como retraso en alcanzar los hitos del desarrollo (como voltearse, gatear o caminar, entre otros), y a medida que crecen, continúan enfrentando problemas en diversas áreas. Por otro lado, hay otros niños que comienzan con un patrón de desarrollo aparentemente normal y no llaman la atención hasta que son más mayores, generalmente durante la etapa de primaria. Por ejemplo, pueden correr de manera diferente a sus compañeros, caerse con más frecuencia o sentirse torpes.

En los casos de disfunción en el procesamiento sensorial, que afectan al desarrollo de habilidades motoras, el problema real es cómo afecta a la persona. Por ejemplo, si deja de hacer cosas que le gustaría o si es incapaz de adquirir ciertas habilidades que necesita en su día a día.
Por otro lado, además del impacto en el desarrollo de habilidades motoras y lo que ello conlleva en la participación del niño o la niña, también podemos ver otro tipo de disfunción, que se observa más en el comportamiento social y emocional. Por ejemplo, en los casos en los que hay problemas en la modulación de los estímulos sensoriales (hiperrrectividad al tacto, aversión al movimiento,…), estos niños pueden mostrarse más ansiosos o temerosos que los demás.

¿Qué tipo de problemas pueden observarse en las niñas y los niños?

Como decíamos , el abanico puede ser realmente amplio y cada persona puede mostrar solo algunos o muchos de estos comportamientos:

  • Movimientos torpes o descoordinados.
  • Evitar participar en actividades físicas o deportes.
  • Dificultad para seguir los pasos de una tarea, empezarla o terminarla.
  • Tendencia al desorden de sus pertenencias.
  • Propensión a sufrir más accidentes o caídas.
  • Dificultad para entender lo que se le dice o para responder de forma coherente.
  • Problemas para repetir lo que le han dicho, con otras palabras.
  • Oye bien cuando todo está en silencio pero se enfada o se confunde cuando hay mucho ruido ambiental.
  • Hablar muy alto o muy bajo o con falta de entonación,
  • Parece especialmente sensible al ruido y a veces oye cosas que otras personas no oyen.
  • Abrumarse o distrarse con los ruidos en lugares concurridos, como un restaurante o centro comercial.
  • Miedo a despegar los pies del suelo, a caerse o a las alturas.
  • Reacción de angustia ante el movimiento o un cambio de posición de la cabeza (boca abajo, hacia atrás,…
  • Moverse lentamente sobre superficies irregulares.
  • Evitar juegos con otros que implican movimientos impredecibles, sobre todo los que afectan a su equilibrio (pilla-pilla, juegos de pelota,…)
  • Control excesivo de las situaciones, por ejemplo, dirigiendo las actividades con los compañeros.
  • Precisar más tiempo para adquirir destrezas como vestirse, escribir, atrapar una pelota,…
  • Problemas para encontrar nuevas maneras de jugar o para saber cómo se utilizan los objetos o juguetes.
  • Evitar que le toquen la cara o mueve la cabeza para alejarla de cosas o personas.
  • Detestar lavarse la cara o el pelo.
  • Estrés al cortarse el pelo, las uñas o en la revisión del dentista (solo revisión)
  • Variedad de respuestas al tacto, dependiendo del momento.
  • Reacciones negativas a vestirse o ponerse ciertas prendas o tejidos.
  • Miedo a que se le acerquen de manera inesperada o estrés cuando está muy cerca de otros (en una fila, en lugares concurridos,…)
  • Impulso extraño a tocar o a evitar ciertas superficies o texturas (mantas, alfombras, muñecos rellenos,…)
  • Rechazo a tocar arena, pintura, o materiales parecidos.
  • Evitar andar descalzo, sobre todo sobre arena o hierba.
  • Sensibilidad excesiva a la textura o a la temperatura de los alimentos.

¿Los problemas de integración sensorial pueden darse en cualquier niño?

Todos tenemos nuestras particularidades en el procesamiento sensorial. Hablamos de un problema cuando esto interfiere en nuestra vida diaria, por ejemplo en el desempeño escolar (prestar atención, organizar mis materiales, hacer los deberes a tiempo,…), en mis actividades de autocuidado (alimentarme, asearme, vestirme,…), en mi participación social (hacer amigos, jugar con los otros, seguir las normas de convivencia,…) o en mi descanso diario.

Algunos niños, como los que tienen algún diagnóstico (T.E.A., síndromes, lesión neurológica, enfermedades raras,…) o los niños prematuros, son más propensos a tener dificultades de este tipo, pero cualquier niño puede presentar problemas de integración sensorial que impacten en su desarrollo.

“Gran parte de la capacidad de aprender de un niño, procede de la capacidad de integrar la información sensorial”

A.Jean Ayres

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